Suicidio adolescente en Mendoza: por qué hablar puede salvar vidas
Durante 2025, Mendoza registró 248 muertes por suicidio, según datos del Ministerio de Salud de Mendoza extraídos del Observatorio de Salud Mental. La cifra representa un 3,4% más que en 2024, con una tasa provincial de 12,1 suicidios cada 100.000 habitantes.
Del total de casos, 191 correspondieron a varones (77%) y 57 a mujeres (23%). Las edades de las personas fallecidas abarcaron desde los 11 hasta los 96 años y la mitad de los casos ocurrió en personas de hasta 38 años. La información estadística utilizada como contexto fue difundida por Vinculat, a partir de datos proporcionados por el Ministerio de Salud de Mendoza y extraídos del Observatorio de Salud Mental.
Los números vuelven a poner en discusión una problemática que atraviesa a distintas edades y que, en el caso de los adolescentes, presenta características particulares. Para Uriel Baglione, médico psiquiatra con subespecialización en psiquiatría infanto-juvenil, el suicidio debe ser abordado como una problemática de salud pública y desde una perspectiva de prevención.
El suicidio adolescente, una problemática multifactorial
Baglione explicó que el suicidio se encuentra entre las principales causas de muerte en adolescentes a nivel mundial y que tanto en Argentina como en Mendoza representa una problemática que requiere especial atención. “Es una problemática de salud que tiene que tomar relevancia a nivel público”, sostuvo el especialista, quien remarcó que se trata de una situación compleja y multifactorial.
En ese sentido, señaló que no existe una única causa que explique una conducta suicida. En cada situación pueden intervenir factores individuales, familiares, escolares, laborales y sociales.
En el caso de los adolescentes, además, existe una vulnerabilidad propia de una etapa de formación. Baglione explicó que la pandemia y el aislamiento tuvieron consecuencias sobre los vínculos y la socialización de los jóvenes.
“Los adolescentes han perdido un poco la socialización que teníamos”, señaló.
A esto se suma el peso que tiene actualmente la virtualidad en los vínculos. Las redes sociales, los estándares que circulan en ellas, las presiones y distintas situaciones de manipulación en los espacios virtuales pueden convertirse también en factores que afecten el bienestar de los adolescentes.
Diferencias entre varones y mujeres
Durante la entrevista, el psiquiatra también destacó diferencias en la manera en que se manifiesta la problemática según el género.
Según explicó, las mujeres presentan una mayor frecuencia de intentos de suicidio y autolesiones, mientras que en los varones existe una mayor tasa de letalidad en los suicidios consumados.
Para Baglione, conocer estas diferencias permite pensar estrategias de prevención que contemplen las características específicas de cada población. Además, señaló que en Mendoza los suicidios y los intentos de suicidio se encuentran entre las causas frecuentes de atención dentro del sistema de salud.
“No tenemos que tener miedo de preguntar”
Uno de los puntos centrales de la entrevista estuvo relacionado con una situación cada vez más habitual entre adolescentes: expresiones como “me quiero matar” o “me quiero morir” utilizadas como parte de la jerga cotidiana.
El especialista consideró necesario diferenciar cuándo se trata de una expresión coloquial y cuándo existe un malestar subjetivo real, pero remarcó que ante la duda lo importante es abrir el diálogo.
“¿Cómo te estás sintiendo? ¿Has pensado alguna vez en hacerte daño, en no querer vivir más?”, planteó como algunas de las preguntas que pueden realizar familiares, docentes o personas cercanas.
Durante años existió el mito de que preguntar directamente por el suicidio podía incentivar una conducta de este tipo. Baglione explicó que esto es falso.
“No tenemos que tener miedo de preguntar”, sostuvo.
Según explicó, hablar sobre los sentimientos, el deseo de morir o las ideas de hacerse daño puede convertirse en una vía de alivio para quien atraviesa una situación de sufrimiento.
Por eso, ante la presencia de señales de alerta, recomendó preguntar directamente y, si se identifica ideación suicida o un nivel de malestar importante, recurrir a un profesional de salud.
¿Cuáles son las señales de alerta?
El psiquiatra señaló que existen determinados cambios de conducta a los que familiares, amigos y docentes pueden prestar atención.
Entre ellos mencionó el abandono de actividades habituales, como asistir a la escuela, practicar deportes, trabajar o participar de otras actividades que anteriormente formaban parte de la vida cotidiana.
También destacó la importancia de observar situaciones de aislamiento, cambios repentinos en el estado de ánimo y modificaciones en la forma habitual de relacionarse.
Sin embargo, remarcó que existe una señal que muchas veces aparece de manera directa: la propia persona puede decir que no se siente bien.
Por eso, consideró fundamental validar el sufrimiento y evitar minimizarlo.
Frases como “¿qué problemas podés tener si tenés todo resuelto?” pueden terminar desestimando aquello que una persona está atravesando. “Cada persona lo puede estar procesando de una manera diferente”, explicó.
Además, Baglione aclaró que no es necesario tener un diagnóstico de salud mental para atravesar una situación que pueda derivar en una conducta suicida.
Las personas tienen diferentes niveles de vulnerabilidad frente a situaciones estresantes y pueden reaccionar de maneras distintas ante circunstancias similares.
El acceso a la salud mental y la importancia de prevenir
Durante la entrevista también se abordó una de las dificultades que atraviesan muchas personas: el acceso a tratamientos de salud mental.
Baglione señaló que la dificultad para acceder a este tipo de atención existe tanto a nivel mundial como en Mendoza y reconoció que la capacidad de respuesta del sistema resulta insuficiente frente a la demanda.
Un tratamiento puede implicar atención psicológica, psiquiátrica, medicación y sesiones periódicas, lo que representa una dificultad económica para muchas familias.
Frente a este escenario, el especialista consideró fundamental fortalecer las estrategias de prevención y promoción de la salud mental.
La idea, explicó, es no esperar a que un adolescente llegue a una situación de extrema gravedad para intervenir.
La escuela como espacio de prevención
Para Baglione, las escuelas tienen un rol fundamental en la prevención. En lugar de intervenir únicamente cuando aparece una situación de riesgo, planteó la necesidad de trabajar previamente con todos los estudiantes sobre salud mental, emociones, hábitos saludables, factores de riesgo y factores protectores.
“No es llegar al final de la cadena, sino trabajarlo desde antes”, sostuvo.
En esa línea, contó que junto con una colega trabajan en un proyecto que contempla la capacitación docente y el abordaje con estudiantes en escuelas de Malargüe. La intención es que una iniciativa de este tipo pueda posteriormente extenderse a otros puntos de la provincia y convertirse en una política articulada entre salud y educación.
Qué pueden hacer las familias y los amigos
La prevención también puede comenzar fuera de las instituciones.
Para Baglione, la principal herramienta continúa siendo la comunicación. Hablar sobre cómo se siente un adolescente, preguntarle qué le pasa y generar espacios donde pueda expresar sus emociones son acciones que pueden ayudar a detectar situaciones de malestar.
También recomendó prestar atención a los cambios en las rutinas y en los vínculos, pero sin convertir cada comportamiento en una señal de alarma.
La conversación sobre salud mental, además, no debería limitarse a los momentos de crisis.
Puede desarrollarse dentro de una familia, pero también en una escuela, un club deportivo o cualquier espacio donde los adolescentes se encuentren.
“No hace falta ponerse académico”, explicó Baglione. Se trata de generar espacios sencillos donde se pueda hablar de cómo nos sentimos y qué nos está pasando.
Pedir ayuda también es prevenir
Como mensaje final, Baglione llamó a quienes atraviesan una situación de malestar a animarse a pedir ayuda y comunicar lo que están viviendo.
La primera opción puede ser hablar con un familiar, docente o persona de confianza. Pero si no existe ese espacio, también recomendó acercarse directamente a un centro de salud.
En el caso de los adolescentes, mencionó específicamente al Centro Integral Provincial de Atención en Urgencias del Adolescente (CIPAUP), un espacio destinado a la atención de urgencias vinculadas con la salud mental. Está ubicado en 9 de Julio y Pedro Goyena s/n, en el departamento de Guaymallén, Mendoza, y su teléfono de contacto para urgencias es el 261 421-8450 o también 261 3627786
El especialista remarcó que también es necesario que la conversación sobre bienestar emocional trascienda los ámbitos estrictamente sanitarios.
Hablar en las familias, en las escuelas, en los clubes y en otros espacios comunitarios puede convertirse en una primera herramienta para detectar el malestar y acompañar antes de que la situación llegue a una instancia de emergencia.
Porque prevenir también es escuchar, preguntar y tomar en serio lo que la otra persona está sintiendo.