Escenas de una actriz de provincia: Atractiva visión sobre el fingir y la insatisfacción

Dirigida por Daniel Posada, Belén Cherubini demuestra solidez como dramaturga y actriz, en un espectáculo para recrearse y pensar.
Cultura02 de noviembre de 2026 Fausto J. Alfonso
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Los avatares del oficio teatral, desde el montaje y la actuación, han sido recurrentes en los últimos tiempos en la cartelera mendocina. Por citar algunos casos, basta con pensar en ¿Qué pasó, qué pasó!, dirigida por Víctor Arrojo, sobre las idas y vueltas que acarrea una puesta; en Vidas posibles, donde dos actrices-amigas (Sandra Viggiani y Melisa Lara) hurgan en sus baúles materiales y mentales recreando los oficios de vivir y actuar; o en Harta, en la que Salomé Boustani se sincera sobre su labor mientras reflexiona sobre qué es (o sería) una persona normal. Estas dos últimas, dirigidas por Verónica Manzone. 

Lo metateatral y lo biodramático, entonces, han estado ocupando terreno, por necesidad, elección, tendencia o lo que fuese, y han jerarquizado el dato real, los ladrillos de la vida cotidiana, como ingredientes de peso que difuminan las fronteras entre realidad y ficción (algo de eso hay también al final de No quedan amuletos, dirigida por Fabián Castellani), a la vez que transparentan la persona que hay detrás del intérprete.

En la línea de la autoficción, nos encontramos ahora con Escenas de una actriz de provincia, un apuesta dramatúrgica y actoral de Belén Cherubini, con dirección de Daniel Posada. Un montaje que concentra no pocos temas, exhibidos a un ritmo ameno, vestidos lumínica y sonoramente de modo amable y jugados desde una técnica actoral que apunta a la diversidad. Porque la actriz desanda con su interpretación los caminos de la actuación romántica, realista, naturalista, neoclásica, farsesca y hasta de la Commedia dell’arte (máscara incluida), siguiendo las exigencias de sus propias confesiones y de la relación que establece con Emma Bovary, quien a su vez vive sus conflictos ante aquellos otros personajes que le tocaron en suerte por gracia de Flaubert. 

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Cherubini saca de -y pone en- su cuerpo a todos ellos -hombres y mujeres-, con la naturalidad con quien cuenta un cuento desde afuera. Pero en su caso está adentro, inmersa en su propia historia personal y en las del resto, a las que construye desde la confesión directa, el relato o el drama, según venga al caso. Los múltiples desdoblamientos pueden ser un mérito en sí mismo en la labor de un/a actor/triz, pero si las transiciones no son convincentes o sutiles, ese mérito se degrada. No es este el caso. Aquí la cosa fluye durante una hora de acción y reflexión.

¿Y sobre qué reflexionan estas Escenas…? El reconocimiento, la conciencia de clase, el autoengaño, el deseo, el placer, los celos, la envidia, la rebeldía e… inevitablemente, el dinero. En modo listado, pareciera demasiado, pero en realidad son los pliegues o matices de un todo que, en esta ocasión, adquiere su coherencia a partir de la reflexión sobre el oficio. Ese al que Belén llegó para enmascarar su timidez; es decir, para no exponerse como persona. Algo de lo que tomó conciencia siendo una púber/adolescente, allá en el marco de su porteñidad natal y convencida, por otra parte, de que su “belleza convencional” no la llevaría hacia ningún reinado. Como actriz, podría llegar a ser reina y mucho más, claro.

Así, recurre al humor para desnudar algunos de sus datos personales, pero también para sostener su relación con esa mujer, la Bovary, a la que pretende abordar desde la actuación, comprender desde lo personal y chicanear desde lo moral/intelectual. En ese sentido, la obra suma interés porque el picoteo, los reproches entre ambas, en la búsqueda de un mutuo conocimiento, ponen sobre la mesa temas que hacen a la femineidad, las actitudes patriarcales, los prejuicios, lo que la sociedad espera de las mujeres, la maternidad, aspectos todos que gravitaron tanto ayer como lo hacen hoy con otros modales, bajo el paraguas general de “la realización”. 

¿Cómo se satisface una vida? ¿Cuándo alguien “se realiza”? ¿Creando, recreando, siendo, fingiendo? En este punto, las fronteras entre ficción y realidad se desdibujan más aún. Emma es una persona desnaturalizada, es una actriz involuntaria, no de oficio, que asume ser algo que no es y vive en una insatisfacción permanente. Su vida sería como el lado oscuro del oficio de interpretar. Belén asume conscientemente su rol de actriz, su posibilidad de entrar y salir, de satisfacer su curiosidad de ser otros/as y de decir lo que le plazca. Aunque a veces deba sumergirse necesariamente en oscuros pantanos y lidiar con ser “una actriz de provincia”. Podría decirse que la propuesta es sobre el fingir y sus consecuencias. Pero también sobre la idea de “crearse” a uno mismo como personaje partiendo de aspectos de su propia persona. Esto es, de reinterpretarse. Una relectura de sí mismo.

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En Escenas… Cherubini hace que su cuerpo busque la gracilidad en los compases de un vals, la torpeza en el traqueteo de una carreta, la caricatura en un hombre repudiable, la pasión en la propia Emma o el automatismo en un servidor de escena. Va de una/o a otra/o porque se cansa de estar consigo todo el tiempo. Un tipo de cansancio que sí comparte con Emma (ella lo dice expresamente), aunque los resultados y consecuencias de esa práctica sean diametralmente opuestos.

La autoficción teatral, por supuesto, juega todo el tiempo con la duda. Puestos los materiales en un contexto espectacular, habilita a que el espectador no crea aun en datos que son fehacientemente ciertos. Pero ese es el atractivo, también. Por ejemplo, confiesa la actriz que estando en una librería, en Buenos Aires, tuvo un momento epifánico, donde la propia Bovary le tocó el hombro y la convenció de que se necesitaban mutuamente. La situación terminó por definir el personaje que contrapuntea con la actriz. Personaje que hasta el momento no tenía nombre, pese a que la idea del “encontronazo” ya se venía gestando (en el marco de un taller de dramaturgia con Marco Antonio de la Parra).

Ya en escena, algunos pocos objetos sirven para sintetizar ese artificio que es el mundo teatral y las necesidades que hacen a esta historia cruzada entre Belén y Emma: una valija (cuya apertura siempre se aguarda con curiosidad), un espejo trizado, un farol, un banco multifunción, una preciosas carreta de juguete (con una réplica en miniatura de la propia actriz llevando las riendas), un vestuario que en su neutralidad puede ofrecer a su vez ductilidad y otras pocas cosas más. Todo dispuesto de modo límpido, como para que no haya ruido visual.

Las referencias a distintos íconos de la cultura clásica y/o popular (de Juana de Arco a Brigitte Bardot, de Sarah Connor a Kung Fu) aportan color y cercanía intelectual a un texto muy bien trabajado. La escritura apela a diversos recursos que permiten seguir con interés la historia de Belén, la de Emma y la de ambas, hasta recalar, en sus últimos cinco minutos, en un acto simbiótico en el que la actriz, ya ducha en el asunto, conquista e internaliza profundamente el personaje. ¿O acaso será al revés? Ver para responder.

Ficha:

Escenas de una actriz de provincia.

Dramaturgia y actuación: Belén Cherubini.

Dirección: Daniel Posada.

Escenografía: Sonia López.

Utilería: Marina Faggian.

Vestuario: Belén García.

Fotografía: Federico Pérez Gelardi.

Diseño gráfico: Julia Posada.

Difusión: Moca.

Próxima función: 21 de noviembre, 21.30, en Mediateca Manuel Belgrano (Tomba 54, Godoy Cruz).

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